Hasta el amanecer

Algunas cenicientas buscan Louboutin en lugar de frágiles zapatos de cristal,

saltan charcos de Mare y pasan por la vida como la marea.576683_10201387173749861_1792496862_n

Su destino es un lugar, en algún mundo, donde cobijen,

miradas sin fronteras,

balas perdidas,

buscadores de perlas

y otras gentes de mal vivir.

Calientan sus almas a la luz de la luna apurando copas,

explorando el universo de las sensaciones,

conquistando palmo a palmo la piel que les envuelve.

Poco a poco se incorporan caras desconocidas alrededor,

la música da la bienvenida a los habitantes de la noche.10302517_10203918179783430_408378921426469546_n

Y desde aquí

Brindo por quienes se pasaron al lado sensitivo del mundo,
maestros en el arte de vivir,
románticos en peligro de extinción,
soñadores con insomnio
y toreros de salón.

Brindo por los seguidores de blues, opera italiana,
baladas en cualquier idioma,
clásicos sin escrúpulos e
hijos del Rock and Roll.

A esta ronda, invito yo.

Anuncios

Claro oscuro

Mañana, quién recordará el ayer sin futuro, los nombres de los que se fueron y el hoy de los que ya no estarán.

En la oscuridad de la noche, las almas salen en busca de alimento mientras los cuerpos anhelan conocerse. A la luz de la luna, los solitarios esgrimen razones para afianzar su soledad mientras los soñadores ansían encuentros en un vago intento por olvidar que mañana el sol también saldrá.

Como en un teatro de diferentes escenarios, las secuencias se desarrollan al unísono mientras la música vibra en el aire. Los latidos, acompasados con los ritmos del corazón y la percusión del ambiente, crean historias sin aparente principio ni final. Los personajes, partícipes de fútiles momentos de reluciente engaño, encadenan sus vidas en una absurda consecución de idas y venidas sin nexo o unión.

Con la cadencia de una repetición, las copas se suceden al igual que conversaciones y encuentros. Nada importa más allá de la realidad de cada uno en un egocéntrico ejercicio fruto de la necesidad de sentirse protagonista aunque tan solo sea de la propia vida. Vano intento de alcanzar una cierta notoriedad que haga olvidar la absurda insignificancia de la caduca y efímera existencia.

Foto: Sara Castaño - Pemberley

Foto: Sara Castaño – Pemberley

La luna sale tras las nubes para desvelar a los iluminados. Almas supervivientes de penumbras, vividores de mañanas, soñadores con pasado, seres anónimos de brillante interior sin afán de exhibición. Apenas una mirada les descubre, una sonrisa les delata ocultos entre las sombras del camino.

Pongamos que hablamos de recuerdos (I)

También a los desmemoriados algunas noches el ayer les reclama atención y los recuerdos pugnan por hacerse visibles aunque de forma escueta, dando saltos en el tiempo, con protagonistas aparentemente insignificantes.

Son momentos de mirar atrás y volver a la infancia para recorrer las entrañas de una escuela donde un grupo de soñadoras se arrastraban, entre polvo y otros elementos sin identificar, por los sótanos del edificio, lugar de reuniones secretas y escuchas clandestinas a través de la madera del suelo. El legado de  Enid Blyton vivía tiempos de gloria y aquellas incursiones eran lo más parecido a sus apasionantes aventuras a nuestro alcance.

Enfrente, en unos jardinillos con caminos empedrados por cantos de una uniformidad casi perfecta, lugar de reunión al terminar las clases de madres locuaces e inquietos infantes, experimentamos en primera persona la fragilidad del cuerpo humano.

En el cine Marta y María descubrí la magia del cine en pantalla grande y a mi hermana arrastrándose bajo varias filas de butacas en busca de un duro perdido. Cuando los indios parecían estar a punto de alzarse con la victoria, surgió en la oscuridad exhibiendo la moneda de forma elocuente mientras me hacía el firme propósito de no volver a salir con ella. Finalmente se impondrían los vaqueros y mi madre.

El placer de descubrir los libros, objetos de deseo desde temprana edad, despertó y creció en la librería Anzo. Aquel santuario impregnado de un penetrante olor a papel impreso, aún hoy recordado, era el paraíso donde Paco, siempre sonriente con un cigarro en la mano, derrochaba amabilidad y conocimientos entre los recién iniciados amantes de la lectura.

El impersonal mundo de las golosinas por aquél entonces tenía nombres propios. Luisa, la de los periódicos, quien solícita cambió un antiguo billete de peseta por un chicle en un caprichoso bajón de azúcar de represoras consecuencias al trascender en casa. Los mejores cromos de la palma los vendía Armelinda, los más cotizados tenían aspecto antiguo o purpurina. Aida se dio a conocer por tener el mejor regaliz rojo y Siro los caramelos de eucalipto más fuertes.

El concepto moda creció con nosotras. Desde temprana edad descubrimos la existencia de creadores de tendencias y la elegante Menchu de Chiquitín fue la gurú del momento. En la infantil tienda perfumada por las idas y venidas de esta impecable mujer de gran personalidad y vertiginosos tacones, una puerta disimulada tras un gran espejo daba paso al reino de Fina, maga de la aguja y la tijera en un mundo de cintas métricas, piezas de tela e hilos de colores, siempre hábil a la hora de dar respuesta a los requerimientos de su hermana. De aquellos primorosos y customizados trajes pasamos al Loden y los castellanos. El uniforme llegaba a la calle.

Los camisones más bonitos los cosía Ana, dulce y alegre a partes iguales. Sentada en una galería mirando a un pequeño jardín, siempre rodeada de mujeres variopintas, tertulianas a golpe de puntada. Ir a probar implicaba adentrarse en un mundo femenino a medio camino entre el aburrimiento y el deseo de hacer algo por si solas fuera de casa.

10721181_838839672814805_1309746449_n

Las Escuelas y los Jardinillos

 

 

Sobre mis tacones

La madrugada le sorprendió entre risas y copas. No esperaba volver a verlo tan pronto, era halagador, pensaba mientras regresaba a casa.

Antes de salir había preparado, meticulosamente, una lista de posibles conversaciones ante momentos vacíos. Resulta violenta la falta de comunicación más allá de las palabras.

¿No temes mis silencios?

No, los escucharé.

Solía preparar listas con temas llevaderos que repasaba mentalmente como una parte más de los preámbulos. Ropa, maquillaje, pelo, posibles conversaciones ….

En un momento de la noche coincidieron con una de sus ex y tras cordiales presentaciones, tomaron unas copas juntos. Fue extraño lo bien que conectó con aquella mujer. Le gustó aún más que el.

Una gran velada pensaba mientras oía el eco de sus pasos sobre la acera. Tenía un mortal dolor de pies. No había nacido para llevar tacones y no dudaban en recriminárselo cada vez que se subía a unos.

Sumida en esos pensamientos, a pocos metros del portar, vio a un operario regando la acera. Recordó a Carmen Maura en aquella lejana escena, dividida entre el amor y el odio.

Una voz masculina se coló en su cabeza. “Lo siento, tiene que dar la vuelta”. “Perdón”, alcanzó a responder mientras una cortina de agua se interponía en el camino. ¿Dar la vuelta a qué? ¿Por qué no dirigía aquel potente chorro en otra dirección que no le impidiera el paso?

Aquí empezó un descabellado diálogo donde cada intento de seguir su camino se veía obstaculizado por aquél hombre manguera en ristre. No daba crédito, era tarde y deseaba bajarse de aquellos malditos zapatos en el calor del hogar. Todo resultó inútil, la escena por repetida no dejaba de ser absurda.

La idea de irrumpir a aquellas horas en la comisaría de la policía local, justo enfrente, para denunciar al trabajador del ayuntamiento era humillante. Cansada decidió seguir adelante.

En un duelo de habitantes de la noche, cruzaron miradas, apuraron intenciones hasta que, sintiendo salpicar el agua, aquel insolente individuo enfocó el torrente en otra dirección.

Hay noches donde la sorpresa acecha en cada esquina

El poder de una exfoliante

Con un nombre difícil de recordar “Epidermal Re-Texturizing Micro-Dermoabrasión“, esta exfoliante de Kiehl´s da unos resultados que saltan a la vista desde la primera vez. Es recomendable usarla semanalmente, la aplicas por la noche con un suave masaje, bueno puedes hacer un poco de presión, y te enjuagas con agua. Aunque de primera la piel quede un poco roja, sobre todo si tienes la piel sensible, al día siguiente los resultados no dejarán lugar a dudas.

Tiene un ingrediente de micro-dermoabrasión utilizado por dermatólogos pero no resulta agresiva para las pieles sensibles y su fino grano no necesitan mucha presión para limpiar el rostro e incluso el escote. Al eliminar las células muertas y limpiar a fondo los poros, facilita la absorción de tratamientos posteriores, mejorando sus resultados.

Cuesta 46€ y dura mínimo seis meses.

 

IMG_1228

Desde la barra del bar

Cuando la noche alumbra la vida, las sombras tienen ojos y el claroscuro les envuelve, ellos airean sus almas. Respirando al ritmo de acordes, buscan la complicidad del desconocido mientras calientan el espíritu con los efluvios del alcohol.
Aislado de todos con actitud distante, observa idas, espera venidas, anota fragmentos de realidades de dudosa veracidad, verdades de una absurda realidad.
Febriles ojos de mirada profunda, resecas gargantas ansiosas por saciar su sed, corazones heridos a la espera de una cura de humanidad. Tenues luces resaltan la palidez de acompañantes itinerantes mientras suena la música, siempre fiel compañera, ardiente amante de soledades.
Cuando el ritmo penetra por las venas, conquistando cada milímetro del cuerpo, cada rincón del alma, el deseo de calor ajeno exige el abrazo posesivo de quien necesita para ser.
Dejó de esperar compañía a este lado de la barra hace tiempo. Solo precisa voces resquebrajadas por el uso, llantos de incrédulos conversos, carcajadas de supervivientes convalecientes para no perder la confianza en el mañana del hoy.
Pasa horas observando a las estrellas de la farándula nocturna. Absorbe ávido la sabiduría de desvaríos, disfruta delirios solitarios, entiende la búsqueda de compañía en un viaje a ninguna parte, comparte la soledad del camino no transitado, el orgullo del caballero solitario ajeno al tiempo que le tocó vivir.

Foto: Mercedes De Soignie

Foto: Mercedes De Soignie