Menos es más

A esta creencia se llega por dos caminos bien distintos: directamente por convicción o después de un recorrido por el exceso y las superposiciones. Sea como fuere, la sobriedad de líneas y la calidad de los tejidos se impone por diferentes motivos pero fundamentalmente por la elegancia implícita y explícita.

La tendencia viene de bien atrás en el tiempo y coge fuerza temporada tras temporada en cuanto a visibilidad en los medios especializados porque para un importante sector de mujeres, es una máxima hoy y siempre. No se trata de vestir prendas de diseñadores estrella sino de saber combinar con criterio y hacerse con un fondo de armario, aprovechando las épocas de rebajas, sin preocuparnos de modas o tendencias. La atemporalidad de estas propuestas les hace merecedoras de inversiones que se rentabilizarán a medio plazo.

El minimalismo habla de mujeres con personalidad y un lenguaje corporal que encuentra su máximo exponente en la ausencia de lo superfluo aunque sin olvidar ese toque diferente, original, que hará del conjunto una declaración de intenciones porque la ropa debe hablar de quien la lleva, no a la inversa.

Conocerse e identificarse con la imagen exterior es una ardua tarea que requiere tiempo y no está exento de riesgos. En medio del bombardeo de impersonales corrientes, de la similitud de ofertas del mercado y el afán, tan femenino, de estar al tanto de modas, una debe pararse a analizar y ver qué nos encaja, favorece e identifica. Realmente vestirse es otra forma de hablar sobre quienes somos y es responsable de la primera impresión que provocamos allá donde vayamos.

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