El valor de la sonrisa

En ocasiones andamos a la caza y captura del descubrimiento del siglo, estéticamente hablando, olvidándonos de la importancia de lo cotidiano, esas rutinas que por repetidas las privamos de valor. Sirva coma muestra el frecuente descuido de la boca. Pocas cosas rejuvenecerán y darán más luminosidad a nuestra cara que una cuidada y blanca sonrisa. Inmejorable carta de presentación allá dónde vamos a golpe de cepillado diario y periódicas visitas al dentista quien nos podrá orientar sobre los numerosos tratamientos blanqueadores. Para el día a día, esta es mi mejor propuesta.10524291_10206246879239461_1025126763_n

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El sabor de la luna

Oteando el horizonte desde una ventana abierta al mundo,

Se alargan las sombras de la inexpugnable noche,

Atrapada por sueños de límites inciertos,

Enredada entre susurros que hablan de deseo.

Prófuga de un tiempo indiferente al más común de los sentidos.

Habitante en una piel impresa por líneas de historia.

Creyente del hoy antesala del irreverente mañana.

Defensora de intuiciones a corazón descubierto,

Escéptica de certezas fruto de oscuras realidades……

La música da la bienvenida a los habitantes de las sombras,

Deseosos de calentar sus almas a la luz de la luna.

Mientras apura las copas susurra fervorosa su credo ….

Admira la música, la elegancia y los detalles.

Busca el humor en la mirada, la profundidad en la risa

Abanderada del inconformismo y pequeñas revoluciones

Confía en la gente a la que le pasan cosas.

Disfruta las largas conversaciones con sabor a whisky y pasión en las palabras

Entiende que nunca es demasiado tarde cuando llega el momento

Envidia a los balas perdidas que siguen su camino ajenos al mundo

Resiste la fiera venganza del tiempo tras su mejor sonrisa

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¿Ser o estar?

El valor del tiempo varía según personas y realidades. Objeto de deseo y hasta de culto, se convierte en superfluo y desdeñable a golpe de ignorancia. Error común y paradójico en seres perennes, con desconocida e improrrogable fecha de caducidad. Nuestra prepotencia como especie, la pérdida de valores y conciencia nos lleva a olvidar la realidad, la vida está hecha de pequeños momentos.

Una buena conversación nunca fue ni será equiparable al animado parloteo sin sentido de personas vacías. El valor del silencio está por encima de la desesperación fruto de la soledad mal entendida. El calor de una sonrisa, caricia o mirada jamás se verá reflejada por emoticonos de serie o mensajes comprimidos.

Pararse en medio de la corriente para discernir entre lo urgente y lo importante, lo necesario y lo deseable, entre felicidad y comodidad, requiere conocimiento personal pero también consciencia del camino a seguir. El deseo de ser uno mismo, de saber dar para recibir, de ser fiel a sentimientos y sentidos, no siempre es cuestión de tiempo sino más bien de la consecución de una serie de pasos en un transitar tortuoso, de aceptar pagar el precio implícito, el dolor exigido.

 

 

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