Me gusta, ser yo

Hubo un tiempo, largo en la historia, en que escribir diarios era la práctica habitual de desahogarse liberando sentimientos, pareceres, deseos y anhelos en un papel, de forma metódica. Nacían condenados, en su mayoría, a no ser leídos nunca o, en el mejor de los casos, a ser compartidos a modo de confidencia.

Hoy por hoy, el viejo diario ha dado paso a las redes sociales, variantes a la carta que pretenden cubrir las necesidades del supuesto consumidor según gustos o aspiraciones sociales. A través de ellas, exponemos pareceres, opiniones, sueños, experiencias o deseos con la intención de compartir con amigos, conocidos, amigos de nuestros amigos, afines que por azar o fortuna pasan a engrosar una lista de contactos donde el número, si importa.

Al igual que internet supuso una profunda revolución como fuente inagotable de información, las redes sociales han sacudido nuestro mundo al permitir saber cómo están, qué piensan pero sobre todo qué  hacen personas no solo de nuestro entorno, también los habitantes el Olimpo del famoseo. Las redes sociales son los nuevos patios de vecinos revalorizados por el poder de la visibilidad e inmediatez. Facilitan la posibilidad de cotillear cómodamente escudada en el anonimato del lector, escrutar vidas ajenas impunemente, adoptar una familiaridad ficticia con los inalcanzables llegando a copiar hábitos ajenos hasta hacerlos propios. Si para unos suponen una buena opción a la soledad al facilitar nuevas relaciones, exteriorizando lo mejor de cada momento, muchos fabrican una identidad y una vida que apenas se asemeja con la realidad. Son expertos en parecer inteligentes, sensitivos, en mostrar el permanente estado de felicidad que les embarga y los éxitos que les alimentan, pero que poco o nada tienen de sus auténticos días. Si sorpresas da la vida, mención aparte merecen las que depara el ciberespacio.10555202_10203518773363094_161668939_n

Atrás quedó el anonimato de nuestros desahogos y hoy por hoy, el interés general se centra en mostrar, hacer visible todo aquello que nos parece deseable aunque para ello se usen palabras ajenas o información manipulada. Somos felices, triunfamos profesionalmente, tenemos los mejores amigos, disfrutamos de la vida como si de un vídeo clip se tratara, engrandeciendo logros, eliminando fracasos, ausencias o carencias. …….

Hay algo enfermizo en todo este engranaje que por algún motivo recuerda “La muerte del cisne”. Un bello espectáculo de trágico e inevitable final: la aniquilación del individualismo constructivo.

¡Me gusta, ser yo!

Tiempos modernos

Recuerdo un día cuando subiendo por una escalera mecánica como si de un circuito de fórmula 1 se tratara, descubrí que realmente no tenía prisa, ninguna. Sorprendida pensé que algo iba mal porque cuanta más celeridad transmitas, más agobiada te muestres y más veces lo hagas saber, tu valía laboral y personal parecen estar a buen recaudo.

Tener tiempo y ser efectivo sin invertir horas aunque sean muertas,  no está bien visto. Si lo está informar pormenorizadamente en redes sociales de nuestro devenir, navegar por la red en busca de cotilleos o indagando en vidas ajenas, por no hablar de los numerosos juegos y aplicaciones a los que ciertos amigos se empeñan en invitar.

Hace varias semanas asistí a una conferencia de Enrique Alcat, reconocido profesional de la comunicación; Un verdadero placer escucharlo. Llano, ameno, instructivo y sobre todo asequible. Las ideas fluían sin más, ahí es nada.

Resultó extraño porque lo habitual es enfrentarte a textos o discursos donde se hace imprescindible uno o varios asistentes. Siglas, vocablos cuando no palabros y anglicismos jalonan el lenguaje haciéndolo de difícil comprensión. Anotas, buscas, intentas recordar, ardua labor, todo y más para estar al día.

Es inquietante como ciertas conductas o actitudes, nos hacen sentir partícipes del mundo actualchaplin-charlie-modern-times_02-jt.