Una vida en blanco, un mañana sin hoy

Llevaba años sin ver a María, la casualidad las hizo coincidir de improviso. Fue un agradable encuentro como tantos otros en el pasado y la empatia de siempre las hizo cómplices como antaño. El tiempo no había sido benévolo con su amiga, profundas marcas le surcaban el rostro, de la expresión, en otra época soñadora, no quedaba ni rastro y la sonrisa, entonces dulce y maternal, se había apagado. De inmediato se sumergieron en una rápida puesta al día general, sin pararse a profundizar demasiado en ningún aspecto concreto, saltando de una cosa a otra sin aparente orden, llevadas por la alegría de la coincidencia. En un momento de la animada conversación un hombre, a primera vista desconocido y desorientado, se acercó inquieto:

¿Quien?,…..  ¿Quien?

Ella le posó los dedos en la boca suavemente, con infinita ternura. No cruzaron más palabras, lentamente retrocedió en silencio hasta situarse de nuevo a sus espaldas sin que en aquel rostro ausente apareciera expresión alguna.486792_10201313490827834_447475027_n (5)

“Mario esta mal. No conoce a ninguno de los chicos y a mi solo a veces. Tiene momentos en que me pregunta una y mil veces por María. Le da miedo que nos encuentre juntos y hacerle daño. – La quiero mucho – dice preocupado.

Cuando la inquietud le domina, salgo de casa y hago como si llegara de la calle en ese momento. Grito: “Ya estoy aquí”. Entonces el, sonríe tranquilo”.

Retoman la conversación entre anécdotas y crueldades de una implacable enfermedad que priva al ser humano de memoria y reduce la vida a un aquí y ahora sin ningún sentido. Fue entonces, cuando mirándola directamente a los ojos, con una infinita tristeza firmemente arraigada en el corazón, afirmó sin vacilar:

”No he hecho nada en la vida. Lo dejé todo aparcado a la espera de la ansiada jubilación y cuando apenas faltaban dos meses, le diagnostican una demencia”.

Demoledoras palabras seguidas de un silencio que habla de dolor, desconsuelo y soledad. Han pasado varios días pero aún hoy sus palabras le resuenan en la cabeza al igual que la breve despedida:

“Ya solo queda esperar”.

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La casa de la Libertad (II)

…..

Al caer la noche, el crepitante fuego daba un nuevo aspecto a la vivienda. Era entonces cuando la casa mostraba su imagen más cálida y acogedora, a pesar de ser la hora en que con mayor intensidad podían oirse sus quejidos y lamentos. Claramente percibíamos los ecos del paso del tiempo, la sonora vejez de la estructura, la jadeante respiración del ayer intentando alcanzar al hoy, mientras el mañana se escapaba por las rendijas de las ventanas.

Aún cuando creíamos conocerla como nadie, nos sorprendía desvelándonos algún nuevo secreto. Un día, después de llevar años viviendo entre sus paredes, descubrimos en los bajos una pequeña puerta hasta entonces desapercibida. No fue fácil abrirla y cuando finalmente lo conseguimos, una marea negra y pestilente nos alcanzó. La dejamos vaciarse y al entrar descubrimos, entre asombrados e ilusionados, muebles antiguos llenos de porquería tras estar, quién sabe cuántos años, sumergidos en estancadas aguas. Los recogimos, dejamos secar, limpiándolos con esmero y cuidado. Una tarea ardua y laboriosa pero entusiasta. A cada golpe de lija, la belleza de los torneados, la calidad de las piezas, nos recordaban el valor de las cosas bien hechas, de los trabajos esmerados.

Finalmente pudimos rescatar un ábaco sin números, los barrotes de un dosel y algún dintel de ignorada procedencia. Los pequeños tesoros pasaron a integrar la ya de por si peculiar decoración, añadiendo nuevas historias a las nuestras.IMG_2145

Con los barrotes a modo de marco hicimos un cuadro con la blanca pared como motivo central. Contemplarlo era una invitación a la imaginación, una evasión. Muy cerca, el ábaco sin números atraía la atención … ¿Qué significaba aquel trozo de madera lleno de agujeros? , ¿¿ Y las cuentas de madera?, ¿Quíen habría aprendido aritmética con él?

Formaban un bonito conjunto. La imaginación les unía y nosotros la utilizábamos para descifrar historias aún no desveladas. Números y palabras unidos en el mismo mundo, bajo el mismo techo. Cotizada adquisiciones para un entorno mágico.

……

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El cuerpo y ella

Llevan una vida juntos, algunos días no se reconocen, otros no se aceptan. Siempre queriendo cambiar, deseando lo inalcanzable, anhelando lo imposible. Al principio fue cuestión de la edad, sin saber cómo se encontró atrapada en un cuerpo de mujer con ritmos ajenos y deseos propios.

Luego vinieron años donde todo parecía empezar y terminar en la proporción de las medidas, en cánones externos donde no encajaba. Difícil asumir el individualismo cuando formar parte de la generalidad otorga un codiciado grado de normalidad, garantía del cómodo anonimato.

La lucha por hacerse visible a los demás más allá de unas formas resultó demasiado dura y prefirió dejarse llevar mientras construía un mundo a medida donde esconderse.

Durante los embarazos intentó encontrar la belleza estética de la gestación, asombrada de no reconocerse, horrorizada ante las dimensiones de aquel cuerpo extraño. Esgrimió la protección de su estado frente a cualquier recriminación, asumió agradecida la benevolencia implícita en el hecho de tener un responsable con nombre y apellidos.

Nacieron los niños, las hormonas se descontrolaron, los excesos se mantuvieron anclados en sus carnes y lloró, lloró por todo, por ella de forma especial.

Entonces decidió continuar procurando no pensar, enredada en los cambios de la vida, inmersa en el día a día hasta que todo pareció encajar y al encontrarse de nuevo no se reconoció. De poco sirvieron las dietas draconianas, los largos paseos y un buen día comenzó a correr.

El medio se convirtió en fin. Corrió para doblegar el cuerpo rebelde frente al esfuerzo y el dolor, para dominar la mente reacia a continuar y ser más fuerte que ella misma. Aprendió a marcar sus propios ritmos, a superar lo aparentemente insuperable, a esforzarse por llegar a ninguna parte, a mirar en la distancia, a pensar sin mediar solución.

No resultó el final del desencuentro tan solo una larga tregua con altibajos, una forma de convivencia tolerante la mayor parte del tiempo. Así fue hasta la irrupción de una nueva realidad pareja a descubrir el rastro de la vida en un cuerpo desconocido inmerso, una vez más, en profundos cambios que hablaban de etapas finalizadas y nuevos mañanas.