En breve con ………….. Mario Benedetti

“Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo”.

“Hay pocas cosas tan ensordecedoras como el silencio”.

“Cuando creíamos que teníamos todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas”.

¡Qué buen insomnio si me desvelo sobre tu cuerpo!

“La perfección es una pulida colección de errores”.

¡Si uno conociera lo que tiene, con tanta claridad como conoce lo que le falta!

“Se despidieron y en el adiós ya estaba la bienvenida”.

Mario Benedetti

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El cuerpo y ella

Llevan una vida juntos, algunos días no se reconocen, otros no se aceptan. Siempre queriendo cambiar, deseando lo inalcanzable, anhelando lo imposible. Al principio fue cuestión de la edad, sin saber cómo se encontró atrapada en un cuerpo de mujer con ritmos ajenos y deseos propios.

Luego vinieron años donde todo parecía empezar y terminar en la proporción de las medidas, en cánones externos donde no encajaba. Difícil asumir el individualismo cuando formar parte de la generalidad otorga un codiciado grado de normalidad, garantía del cómodo anonimato.

La lucha por hacerse visible a los demás más allá de unas formas resultó demasiado dura y prefirió dejarse llevar mientras construía un mundo a medida donde esconderse.

Durante los embarazos intentó encontrar la belleza estética de la gestación, asombrada de no reconocerse, horrorizada ante las dimensiones de aquel cuerpo extraño. Esgrimió la protección de su estado frente a cualquier recriminación, asumió agradecida la benevolencia implícita en el hecho de tener un responsable con nombre y apellidos.

Nacieron los niños, las hormonas se descontrolaron, los excesos se mantuvieron anclados en sus carnes y lloró, lloró por todo, por ella de forma especial.

Entonces decidió continuar procurando no pensar, enredada en los cambios de la vida, inmersa en el día a día hasta que todo pareció encajar y al encontrarse de nuevo no se reconoció. De poco sirvieron las dietas draconianas, los largos paseos y un buen día comenzó a correr.

El medio se convirtió en fin. Corrió para doblegar el cuerpo rebelde frente al esfuerzo y el dolor, para dominar la mente reacia a continuar y ser más fuerte que ella misma. Aprendió a marcar sus propios ritmos, a superar lo aparentemente insuperable, a esforzarse por llegar a ninguna parte, a mirar en la distancia, a pensar sin mediar solución.

No resultó el final del desencuentro tan solo una larga tregua con altibajos, una forma de convivencia tolerante la mayor parte del tiempo. Así fue hasta la irrupción de una nueva realidad pareja a descubrir el rastro de la vida en un cuerpo desconocido inmerso, una vez más, en profundos cambios que hablaban de etapas finalizadas y nuevos mañanas.

El erotismo del corazón

Al ver al desconocido arreglando las plantas del balcón, mi mente retrocedió a lejanos días con otros protagonistas en aquel mismo escenario.

El cuidaba con esmero las flores mientras luchaba en silencio por superar un cáncer. En ella, prototipo de oronda abuela, los despistes comenzaban a ser habituales. En la penumbra de una tarde cualquiera, la casualidad me hizo partícipe de un instante de sus vidas cuando le sorprendí ayudándola a enfundarse una de esas fajas enterizas que llevaban nuestras madres, vuestras abuelas.  Sonriendo con aire indefenso, la envolvía de protector cariño.

La ortopédica prenda se convirtió en sexy corpiño al tiempo que una mano se posaba en el carnoso hombro …. No eran jóvenes ni hermosos, no había urgencia ni desenfreno pero aún conservaban la capacidad de sacar brillo a los apagados ojos, de impregnar de delicadeza cada torpe movimiento caldeando el frío entorno. Bajo los pliegues de aquella gastada piel latía el deseo de sentir sobreponiéndose a los dolores del lacerado cuerpo, al sufrimiento de la apesadumbrada alma sabedora del inminente fin.

El erotismo de la escena me apartó de la ventana, aquel momento les pertenecía. Se fueron hace ya demasiados años pero la imagen permanece viva en el recuerdo.

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¡¡Danzad malditos!!

Una vida hablando a través del movimiento, viviendo al son de la música. Un cuerpo fibroso, dúctil transmisor de sentimientos y emociones. Comunica sin palabras ajeno a grandes escenarios, posee un don pulido a base de diligenciado sacrificio tras años de trabajo sin descanso que no pese, ni tregua que no duela.

Conoce el desgaste propio de años y esfuerzos ajenos al entregado corazón, el inexorable paso del tiempo imponiendo cada vez más dolorosas limitaciones a los persistentes intentos por doblegarlo.

No hay cansancio, desánimo o desidia, simplemente la frágil y perentoria naturaleza humana ganando los envites de la vida día a día. Compañero del dolor, amante de antiinflamatorios, decidió bailar hasta romper antes de renunciar a la pasión que le mueve.

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