Una noche con Willie Nile

Fotos: Mercedes De Soignie

Fotos: Mercedes De Soignie

Sin prisa pero sin pausa, la carretera por delante y una noche de rock and roll como destino.

La ocasión bien lo merecía. Uno de los grandes, aún sin el reconocimiento ganado por méritos propios, autor de algunas de las baladas rockeras más hermosas de la historia. Un neoyorquino que conmueve al piano hablando de esas cosas que todos pueden pensar y muchos sentir lejos de los rascacielos.

Su pequeña figura aún resalta más cuánto de grande lleva dentro. Willie Nile es arrollador dentro y fuera del escenario. Gana al público desde el primer momento con una cercanía sorprendente incluso en las distancias cortas. Sus sesenta y seis años le otorgan la sabiduría del saber estar, pero sobre todo el valor de dar y Willie se da en cada actuación. Fuerza y entusiasmo a la guitarra, dulzura y sentimiento al piano, calor y humanidad en el trato.

IMG_3057No hubo lleno en la sala pero consiguió que todos, los fieles seguidores y los recién llegados, vibraran con su música, corearan sus letras y el clamor se hizo ensordecedor por momentos, mientras con mirada emocionada agradecía la entrega.

Se le quedó pequeño el escenario, donde dejó a Jorge Otero y Danny Montgomery escuderos de lujo a la altura del maestro, para compartir con el público la grandeza de la ocasión y conseguir con su gesto convertir una gran noche en inolvidable.

Tuvo palabras de reconocimiento para Eduardo Herrero, vocalista y líder de En Casa del Herrero, grupo que le teloneo y con quien ya había trabajado y permitido versionar una de sus canciones. No quiso despedirse sin compartir escenario con él. IMG_3148Fue una despedida larga porque nadie quería irse, enlazando una tras otra canción, incluso cuando el desgaste físico era tan evidente como lógico.

Emocionado y exhausto dio las gracias pero aún se quedó para hablar, fotografiarse y firmar discos. Hasta que no se fue el último de sus fans allí estuvo el gran Willie Nile derrochando humor.

Cuando las luces se apagan, las historias de los roqueros se hacen visibles y la música acorta distancias. Hay tiempo para charlar incluso cuando se han recorrido más de trescientos kilómetros para estar allí y se vuelve sin dormir.IMG_3106

Entre las presentaciones, Robert, neoyorkino afincado en Pontevedra, hijo de Rosaura quien trabajó en casa de John Lennon los últimos cuatro años de su vida. Y así salió la vieja historia de cómo se conocieron Eduardo Herrero y Rosaura en la ciudad de los rascacielos y acabaron colaborando en un libro sobre la vida de esta gran mujer, una emigrante gallega que cuidó a Lennon…… Pero esa, es otra historia.

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