Mañanas en femenino

Foto; Mercedes De Soignie

Foto; Mercedes De Soignie

El desayuno está infravalorado, también socialmente. Empezar el día con un café y buena conversación es un placer a reivindicar desde ya mismo.

Hoy la propuesta era compartir el humeante momento con María Teresa Álvarez y la afabilidad formó parte del menú. Periodista, escritora, feminista sin partido, María Teresa reivindica el orgullo de ser mujer, y no duda en atribuir el hecho de ser escritora a todas esas grandes mujeres ocultas por la historia que siempre despertaron su admiración y curiosidad. “El programa de televisión “Mujeres en la historia”  me llevó a escribir y eso cambió mi vida”.

Se declara feliz escribiendo,  una actividad que le permite ocuparse del mundo femenino y seguir activa aún después de jubilada. “Acabo queriendo a mis personajes. Hay mucho de mi en ellos”.

Confiesa satisfecha sesenta y nueve años llena de ganas de hacer cosas, incluso emprender algún negocio. “Un hotelito pequeño y mono. Un local donde se pueda leer, escuchar música y tomar una copa”.

Descubre a cada momento de la conversación, increíbles historias tras nombres femeninos no siempre conocidos, Nannerl Mozart, Fanny Mendelssohn, Catalina de Lancáster por citar algunas, inmerecidamente tratadas cuando no directamente ignoradas por el mundo masculino. “Que pena da una sociedad que prescinde de la mujer. Es injusto y poco inteligente”.

Su inagotable curiosidad responde a una necesidad personal por recuperar la memoria histórica. “Las mujeres lo hicieron siempre todo, no es algo que surja por generación espontánea”. Afirma ante la idea de la incorporación de la mujer a distintos aspectos sociales y culturales, solo que no lo hizo de forma pública en general porque no se lo permitieron.

En ningún caso la solución implica un cambio, “Hoy más que nunca, la mujer debe ser ella misma en cualquier circunstancia. Debemos luchar por hacer las cosas como creemos”.

Ante la incuestionable evolución experimentada en estos años, María Teresa, reconoce el mérito de los movimientos feministas pero también de los electrodomésticos. Y no duda en asumir nuestra parte de culpa en esta sociedad machista que tanto daño provoca. Reivindicando el papel de las madre sin renunciar al derecho a desarrollarse como personas.

Nos enfrentarnos a roles arcaicos, a costumbres ancladas en el pasado que han enraizado de forma alarmante en los medios de comunicación como la televisión o el cine. En este sentido, una última reflexión más allá de sexos o géneros, “La cultura es un arma fundamental, sin formación las personas son manipulables y se les lleva por donde se quiere”.

 

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