La combinación objeto de deseo

Las certezas como los descubrimientos te asaltan sin previo aviso, en lugares poco convencionales  y a veces no con la mejor predisposición. Una procura adaptarse y salir lo más airosa posible aunque se despeine.

A pesar de la sabiduría que otorga la vida, el deseo de enmendar lo inevitable, de conseguir lo inalcanzable, en ocasiones confunde el raciocinio provocando situaciones que rozan el absurdo.

En esas estaba cuando aquél anuncio rebeló un camino hasta entonces inexpugnable: sexy combinación levanta, moldea, realza ……….

Por fin ingenio e ingeniería al servicio de la mujer, que martillea el asfalto y comprueba los efectos de la gravedad, al alcance de una tarjeta de plástico. Sin pensarlo, se lanzó en busca de la gran revelación, solución a problemas convertidos en pesadilla a fuerza de encuentros mal sanos con una misma.

Y allí estaba ella para darle los buenos días con la insolencia de la inmaculada juventud y el aplomo de quien sabe debe invertir tiempo que no interés en femeninas banalidades ajenas a su edad y condición.

“Busco esa milagrosa combinación que lo recoloca todo ……”

“Perdón, no la entiendo”. Palabras pronunciadas con indiferencia acompañadas de una gélida mirada enmarcada en negras pestañas de infarto.

En aquel momento sintió la certeza del que sabe, la seguridad de la experiencia: “Ya lo sabrás, bonita. De eso que no te quepa la menor duda”.

Haciendo acopio de paciencia explicó detalladamente el objeto de su deseo para retirarse finalmente al probador sabedora de no entrar en la talla que puso en sus manos.

Aún sin respirar, metiendo barriga y recordándose que estaba hinchada por una pasajera retención de líquidos, comprobó que efectivamente la talla era imponible.

De nada sirvieron sus reiterados intentos por llamar la atención tras la cortina, la concentración de la vendedora doblando braguitas era admirable.

Finalmente, indignada y resuelta, decidió solucionar personalmente sus problemas.

Cuando atravesaba la tienda desplegando poderío y desparpajo, tras haber cogido personalmente la talla acorde a su cuerpo, descubrió en un indiscreto espejo una cruel panorámica de su culo enmarcado por el vestido enganchado en la ropa interior.

En la rápida huida hacia el probador tan solo llegó a ver aquella sonrisa burlona pintada de rojo Chanel.

 

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