Cuentos y otras historias

Erase una vez en un colindante país una traviesa niña, proyecto de mujer en ciernes, que creció entre fantásticos cuentos y bellas historias. Leyó tardes y noches para conocer otros mundos, vivir nuevas vidas, soñar otras realidades. Cruzó el espejo sin saber cómo ni cuándo. Vivió feliz como una perdiz ajena al acecho de lobos, ogros y otras criaturas de dudoso nacimiento.

El tiempo pasó sin apenas hacerse notar, eligió no abandonar Nunca Jamás y visitar periódicamente el país de las Maravillas. Creyó en la justicia más allá de intereses personales, en el poder de la inteligencia, en el valor como bien común, en la posibilidad de volar y la opción de elegir.

Un buen día o tal vez una oscura noche, la realidad se coló entre las ramas del bosque, las piedras del castillo, por las ventanas de la casa. Sin pociones mágicas, escudos protectores, poderosos hechizos, ni héroes leales, se enfrentó a sorprendentes revelaciones no exentas de fuertes  decepciones.

Cenicienta había roto el zapato al probárselo. La Bella Durmiente despertó de aburrimiento. Peter Pan sufría de vértigo. El País de las Maravillas no está al otro lado del espejo. Los príncipes azules destiñen. Los enanitos se conocieron en un centro de acogida. Barba Azul estaba siendo investigado por duplicidad de pensiones. Caperucita Roja lideraba una asociación protectora de animales y los malos, también ganan ……

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