Querido papa:

Otra celebración no compartida y ya son muchas pero lo peor es saber que ninguna más lo será. Intento mantenerte al corriente de todo lo bueno y aunque soy experta en ver lo mejor de cada situación hay veces que resulta imposible contarte nada. También se escapa alguna mala noticia en esos casos, nunca te imagino sorprendido porque siempre parecías adelantarte a mis pensamientos. Mama dice que soy igual que tu. Quiero creerlo aunque no siempre sea un elogio.

Hoy he pensado mucho en ti, con el tiempo me he vuelto sentimental. No he olvidado tus advertencias sobre el peligro de mostrar los sentimientos pero tras  lo acontecido durante estos años, prefiero exponerme por lo dicho a perder la oportunidad de hacerlo y vivir con remordimientos de silencios irrecuperables.

Me gusta coincidir con amigos o personas que te conocieron, aún hoy hay quien al oir el apellido o verme reir, pregunta si soy tu hija. Son experiencias entrañables, cargadas de emociones dormidas por el día a día. Conocer nuevas anécdotas, recordar tus ironías o saber de aquellos memorables momentos de un mundo ya inexistente sigue emocionándome.

Recuerdo cuando enfermo mama no quería que salieras solo a la calle y  le contestabas despreocupado que nunca estabas solo, todo el mundo te conocía. Han pasado treinta años y somos pocos los que aún te recordamos, en unos años seremos menos. Es difícil asumirlo aunque de eso va todo este montaje

Una vida para recordar, una eternidad en el olvido.

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