Mensaje en una botella para mi suegra

“Estaba deleitándome con un vino de Navarra cuando sonó el teléfono. Me pasó el inalámbrico y me dijo: es mi madre. Dice que ha encontrado una botella con un mensaje tuyo… Sentí como me ruborizaba cual adolescente mientras el corazón se desbocaba. Había temido este momento durante días y cuando empezaba a convencerme de que tal vez, por algún inexplicable golpe de suerte, había guardado aquella botella hasta la próxima visita, llegaba la fatídica llamada. No era el primer disgusto causado por algo escrito durante una noche de insomnio, iluminada por la sinceridad de la soledad, animada por la pasión del corazón.

No me gusta la palabra suegra y esa afición por encadenarla al posesivo me resulta ajena. La madre del padre de mis hijos llego a mi vida por circunstancias ajenas a ambas y formaría parte de ella en calidad de madre y abuela. Disfrutamos de agradables encuentros a lo largo de los años pero desde el primer momento había establecido el distanciamiento necesario para mantener un equilibrio entre nosotras y su vínculo con los niños.

Conocer mi postura sobre nuestra relación no le impidió aquella última noche de las vacaciones ampararse en un supuesto vínculo familiar de sinceridad bienintencionada que traspasó mi capacidad de aceptación y su derecho a interferir.

Como mujer y madre, se sentía legitimada para aconsejarme dejar de lado mis aspiraciones profesionales y ocuparme de la familia. Sabía por el padre de las criaturas que podíamos arreglarnos perfectamente con su sueldo, pudiendo así centrar mis días en la educación de sus nietos y el buen funcionamiento del hogar. A las mujeres de hoy en día nos perdía el egoísmo y un desmedido deseo de ganar dinero.

Intenté zanjar el tema de forma  educada sin entrar en valoraciones conflictivas pero los buenos propósitos por mantener una firme cordialidad se vinieron abajo ante su inquebrantable insistencia. Las discusiones acaloradas en femenino acaban, casi de forma inevitable, complicándose con temas pendientes de los que, en muchos casos, desconoces su existencia en la trastienda de la memoria o del corazón.

La conversación terminó de forma poco amistosa e indignada había volcado mi ira en varias páginas en blanco que introduje en una botella de vino, fiel compañera en aquella larga noche, olvidada con las prisas sobre el escritorio”.

Relato participante en el concurso patrocinado por Vino DO Navarra

http://turismodevino.com/

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2 pensamientos en “Mensaje en una botella para mi suegra

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