La carrera de cada día

Desde hace meses cada mañana hago un circuito con una inmensa cuesta, llano y bajada. Por segunda vez en mi vida correr me ha salvado, permitiéndome ver las cosas con razonable distancia, analizar las situaciones de forma menos pasional haciéndome sentir realmente bien física y mentalmente.

Un día decidí incorporar una segunda cuesta al terminar el recorrido habitual. Al principio solo hacía parte, pero últimamente la culmino si bien a duras penas. Es en esa pendiente donde cada día me encuentro, donde siento que soy yo sin aditamento alguno. Cuando la encaro, cansada por el trabajo físico realizado hasta ese momento, siento la ausencia de fuerzas para afrontar el tramo restante, tan empinado, tan largo. Cargada de dudas continuo zancada tras zancada, lentamente, sintiendo como en ocasiones prácticamente no avanzo pero empujando, sin pausa, con determinación, mi cuerpo para continuar sabiendo, en lo más profundo de mi, que encontraré la energía necesaria para llegar al final.

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